Si lo necesitas, regresa

Si lo necesitas, regresa

Cuántas veces hemos escuchado o leído esta frase tan conocida que dice así: Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amo la vida. O una variante. La anterior, es parte de “Canción de las simples cosas”. De ella sé poco, pero la frase… ¡oh, cómo suena! Y a veces, sólo a veces, cuando se necesita, hay que regresar aún cuando el instinto no te encamina en esa dirección o temes romper el hechizo.

Como lectora con una gigantesca lista de libros por leer, regresar —aunque sepa el poder que tienen los personajes y la historia sobre mí— a esos libros que amé puede convertirse en un auténtico dilema. En múltiples ocasiones, me decanto por el libro nuevo, con la esperanza de que sea capaz de cautivarme. En realidad, son pocas las veces que he regresado y hoy me arrepiento.

Hay un puñado de libros que sé me moldearon, encantaron y hoy forman parte de mis favoritos. Uno de ellos, “La princesita” de Frances Hodgson Burnett, no solo era la opción que dejaba de lado para leer, sino adquirir de nuevo. Sí, por más de diez años mi libro favorito no formó parte de mis estanterías. Lo presté, no regresó. ¿Lo intenté recuperar? ¿Lo busqué en librerías? Sí, muchas veces. ¿En tiendas online? Sí, pero siempre lo sacrifiqué. ¿Añoraba leerlo? Por supuesto, sólo recordarlo me movía el corazón.

De saber que leerlo haría mucho más que sólo moverlo, lo hubiese hecho antes. Resistir a regresar a él ha sido de mis peores decisiones lectoras.

Hace unos ayeres aterricé en la Ciudad de México con muchos objetivos y deseos por cumplir. Uno de ellos era hallar dos libros que llevaba buscando, “La Princesita” el primero de ellos. Ambos lo encontré y me hice de inmediato de ellos. Era mi señal divina, ya era el momento.

Hoy he regresado a “La Princesita” y entre más lo leo, más encuentro reflejada en Sara Crewe. Entiendo por qué me impacto, por qué lo amé tanto y, hasta cierto punto, comprendo que no estaba lista para regresar a él. Porque sí, de haber querido, hubiese sido mío antes; pero tenía múltiples miedos moviendo mis decisiones, además del “con la misma cantidad de dinero puedo comprar más libros”.

A veces el regresar, aunque haya sido un sitio reconfortante y envuelto de amor, se presenta intimidante. Siempre existe la posibilidad de que pierda esa magia. En el caso exacto de los libros, puedes releerlo y hallar aspectos negativos de los que no te habías percatado antes o has llegado a ver con otros ojos. Sin embargo, siempre existe ese libro que no va a cambiar, que vas a seguir amando y que regresar a él puede cambiar el curso de tu día.

Así que regresa. Pese al miedo, pese a que tengas otras cosas que hacer o leer; regresa.

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